“Él quería ser Manu Ginóbili”, repite la mamá de Tayavek Gallizzi. Y este viernes, estuvo muy cerca de lo que quería. El pibe de 26 años oriundo de Santa Rosa de Lima, en la ciudad de Santa Fe, fue parte del Seleccionado que logró meterse en la final de la Copa del Mundo 2019 con su ídolo a pocos metros de distancia. Ginóbili disfrutó de la victoria frente a Francia desde la primera fila.
“Taya” soñó siempre con jugar al basquet de manera profesional. Superar adversidades, entrenar con fiereza en el club Macabi, adonde iba a diario en bicicleta, hasta desempeñarse en Quilmes, Quimsa y ahora Regatas de Corrientes fueron el puntapié para que llegara a la Selección.
Pero con 26 años, ya tiene un importante historial en el equipo nacional. Estuvo en el Mundial de España 2014, en los Panamericanos Toronto 2015 y en los Panamericanos Lima 2019. Ahora, Oveja Hernández lo convocó de nuevo y es parte de la renovación para que no se extrañe tanto a la Generación Dorada.
A 18 mil kilómetros de distancia de China, su madre ve los partidos en su casa de Santa Rosa de Lima. Siempre parada, cuenta. Porque los nervios que pasa no la dejan sentarse.
Pero “Taya” no para de darle alegrías. En el triunfo por 80 a 66 frente a Francia, sumó buenos minutos en cancha por la acumulación de faltas de sus compañeros. Allí, donde el equipo europeo es potencia, abajo del aro, se banca a las torres con gran actitud. El historial dirá que en el paso a la final de Argentina, el santafesino tuvo 2 puntos, 1 rebote ofensivo y 3 faltas en 9 minutos.
Mientras tanto, en Santa Rosa de Lima, su mamá Graciela se convirtió en toda una celebridad. La gente la saluda, la felicita. Ahora que todos están tan aficionados al basquet, ella tiene a su hijo adentro de la cancha. No le puede pedir más a la vida. Como Tayarek, el pibe que soñaba con ser Ginóbili y hoy Manu festejó con él el pase a la final del Mundial.
El cruce con su mamá
De Santa Rosa de Lima al Mundial. En medio del boom de la Selección Nacional, la historia de Taya Gallizzi sobresalió del resto. Porque el pibe superó muchas adversidades económicas para convertirse en jugador profesional de básquet y hoy brilla junto al resto del equipo que llegó a la final del Mundial.
En medio de tanta algarabía, en TN pudieron lograr cruzarlos al aire al joven de 26 años con su mamá Fabiana y su hermana Atenas. A 19 mil kilómetros de distancia, hubo emoción y hasta chistes entre los santafesinos.
“Estoy muy contento. No termino de caer en lo que conseguimos, jugamos una final del mundo. Van a pasar años para que nos demos cuenta de la magnitud. Es increíble”, había empezado Taya cuando creía que era una nota normal. Hasta que por el auricular se le metió su mamá, que estaba emocionada desde el arranque.
“Estamos orgullosos de que estés ahí”, le dijo Fabiana. Y completó, entre lágrimas: “Estamos tan contentos. No damos más, la ropa no nos entra de tanto orgullo, de tanta alegría. Ayer estuvo la abuela, re emocionada”.
Taya, fiel a su humor, contestó con un chiste: “Sáquenla a la abuela del tele que se va a morir, le va a agarrar un ataque cardíaco”. “Ya tomó las pastillas, no te preocupes”, le respondió en broma la mamá.
Su hermana Atenas también se sumó a los chistes: “Salís re feo en cámara”, lo sentenció. Y Taya explicó: “De chiquito me peleo, pero así somos los hermanos. Igual nos amamos”, dijo el chico, que se retiró apurado porque se iba el micro de la Selección, luego del entrenamiento. “Las amo, les mando un beso”, dijo él. Y ellas completaron: “Mucha suerte para mañana. Todo lo mejor. De parte de la familia, estamos haciendo fuerza y seguro que van a ganar”.
Fuente: Nexo Diario