El calendario avanza y en Colón el mensaje es claro: la etapa de pruebas comienza a quedar atrás. El equipo cerró otra semana de trabajos intensos y prolongados, con Andrés Medrán cada vez más convencido de la idea con la que encarará el inicio de la Primera Nacional. Las jornadas se desarrollaron sin sobresaltos y con un grupo prácticamente completo, algo que el cuerpo técnico valora especialmente a esta altura de la preparación. La eventual incorporación de un volante creativo sigue siendo una posibilidad, pero no altera la planificación ni genera ansiedad en el entrenador, que considera que el funcionamiento colectivo ya está encaminado.
La llegada del defensor Federico Rasmussen y del mediocampista Agustín Toledo terminó de reforzar el equilibrio del plantel, brindándole a Medrán variantes que encajan con lo que pretende dentro del campo. En ese armado aparece una sorpresa: Conrado Ibarra se metió en la consideración grande y asoma como una opción firme para ocupar el carril izquierdo del mediocampo, rompiendo con los pronósticos iniciales. Terminaba su contrato en diciembre pasado y supuestamente ya renovó, aunque no se hizo oficial. Esa elección reconfigura el ataque, ya que Ignacio Lago tendría un rol más cercano al área rival, acompañando al centrodelantero. No hubo lugar para un último amistoso por lo que el Sabalero entra en la cuenta regresiva, convencido de que la preparación fue suficiente y que el debut ante Deportivo Madryn encontrará a un equipo listo para competir.
El nuevo rol de Lago
Colón empieza a mostrar señales claras de la identidad que pretende construir Ezequiel Medrán, y una de las decisiones más significativas pasa por Ignacio Lago. El futbolista dejará de ser volante o extremo por izquierda para asumir un rol mucho más determinante: segundo punta con libertad total de movimientos por todo el frente de ataque. La idea es clara. Lago será el eslabón intermedio entre los volantes y el centrodelantero Alan Bonansea, con la misión de abastecerlo, asociarse y pisar el área con mayor frecuencia. Menos recorrido defensivo, más obligaciones ofensivas y la responsabilidad de potenciar el peso del equipo en los últimos metros.
El cambio de función encuentra respaldo en lo que Lago supo mostrar en 2024, cuando de la mano de Iván Delfino fue uno de los jugadores más influyentes del equipo. Desde la izquierda, con desborde, llegada y gol, se convirtió en una pieza clave del funcionamiento sabalero. En aquella temporada disputó 26 partidos de Primera Nacional, marcó 6 goles y dio 3 asistencias, sumando además protagonismo en Copa Argentina, donde anotó un gol en dos encuentros. Su regularidad y peso ofensivo lo colocaron entre los nombres más confiables del plantel, hasta que una lesión en la rodilla lo sacó de escena y frenó su crecimiento.
El regreso en 2025 no fue sencillo. La falta de continuidad y el proceso lógico post lesión hicieron que a Lago le costara reencontrarse con su mejor versión. Aun así, fue sumando minutos y sensaciones, cerrando la temporada con 23 partidos, 1 gol y 3 asistencias, en un contexto general poco favorable para el equipo. Ese recorrido explica, en parte, la apuesta de Medrán: sacarlo del desgaste de la banda, liberarlo de responsabilidades defensivas constantes y ubicarlo donde su talento pueda marcar diferencias sin condicionantes físicos excesivos.
Como segundo punta, Lago tendrá mayor margen para explotar su lectura de juego, su capacidad para moverse entre líneas y su llegada al área. La sociedad con Bonansea aparece como uno de los ejes ofensivos del nuevo Colón, con la expectativa de que el ex extremo se convierta en un generador permanente de situaciones. La apuesta es clara: que su fútbol se traduzca en agresividad, claridad y peso en zona de definición. Si el experimento funciona, Colón habrá encontrado una variante ofensiva de alto valor.
Fuente: LT10