Inicio UnionEl doble 5, clave en la recuperación futbolística de Unión en Lanús

El doble 5, clave en la recuperación futbolística de Unión en Lanús

by Luciano Villarroel

Más allá de los dos resultados (derrotas), los partidos con River y Banfield habían dejado marcada preocupación por dos aspectos: 1) la ausencia de un volante central con contención; 2) la falta de fútbol. Para el punto 1, bastaba con repasar lo que había ocurrido desde los 15 minutos del primer tiempo ante Boca y en el partido con River: la decisión del entrenador de pasar a Juan Carlos Portillo a la mitad de la cancha. Para el punto 2, la salida de Acevedo y el bajo nivel de Cañete, en varios momentos (por ejemplo ante Banfield) obligado a salir jugando desde muy atrás, sin pesar en el campo rival.

Sorpresivamente, cuando el extravío, la desorientación, el desorden y la impotencia imperaban, se produjo un cambio rotundo en el nivel futbolístico del equipo. Algo se mantuvo (el poco peso ofensivo que tiene el equipo), pero Unión fue otra cosa ante Lanús. Tuvo más la pelota frente a un rival que cuenta con suficientes argumentos de buen juego. Y aumentó sus variantes ofensivas, insisto, por más que el peso específico ofensivo, adentro del área, haya sido muy escaso.

Azconzábal planteó el mismo esquema que utilizó ante Banfield, pero con un par de retoques absolutamente necesarios para que el equipo levante su nivel, más allá de que hubo dos jugadores clave para conseguir ese propósito. El 5-3-2 o 5-2-3 según cómo se lo ubique a Zenón (volante o delantero), estuvo muy mejorado por la decisión de poner dos marcadores de punta con proyección. Vera y Esquivel abrieron la cancha y tuvieron más criterio para atacar que Blasi y Corvalán, los que ocuparon esos lugares ante Banfield. Esto le dio variantes ofensivas al equipo. Y después, lo de Cañete y Mauro Pittón, que por momentos se adueñaron de la pelota y se «comieron» la cancha.

Esta vez, Unión no extrañó ni la ausencia de un «5» recuperador en el medio ni tampoco la de un Acevedo que había sido muy importante en el mejoramiento futbolístico que se dio en el torneo anterior y también en el nivel de Cañete. Mauro Pittón retomó en gran parte aquél nivel casi de excelencia que lo había llevado a la más alta consideración en el equipo de Madelón, marcando y jugando. Se nota que le estaba haciendo falta más continuidad. El acierto de Azconzábal fue mantenerlo y Mauro respondió. Estuvo más suelto, más cómodo en la cancha, se hizo de la pelota siempre, la administró bien, lo hizo jugar a Cañete, le dio la libertad para que acompañe en ataque y todo eso fue beneficioso para el equipo.

Allí, en la gran mejoría de esa dupla, estuvo el secreto de la levantada del equipo. Aparte, la actitud. Unión salió a jugar con mucha decisión. Y cambió también esa imagen de extravío que había PREOCUPADO, con mayúsculas, en el partido ante Banfield. Pasó de jugar el peor partido (aún comparándolo con River por la distinta jerarquía de los rivales) al mejor, en cuestión de días nada más. Sin cambios en el esquema, pero con modificaciones de nombres que esta vez le dieron la razón a un entrenador tan cambiante y volátil como Azconzábal, que en 32 partidos que lleva dirigiendo a Unión casi nunca (o nunca) mantuvo una misma formación titular de un partido al otro.

Unión no merecía ir perdiendo cuando Sand aprovechó un inentendible error defensivo en el córner de Malcorra y luego demoró hasta los 40 minutos del segundo tiempo para poner algo de justicia en el resultado final. Y digo «algo», porque en el balance final fue más consistente lo de Unión que lo de Lanús. No está mal el empate, máxime si nos detenemos en ese gol anulado en posición dudosa a Malcorra. Pero no es faltar a la verdad si se dice que Unión fue un poco más que Lanús. Ni es poco en este momento de desesperanza futbolera, dudas y desconcierto por el que atravesaba el equipo de Azconzábal.

Fuente: El Litoral

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