Gianlunca Oporto mira desde lo alto de su mastodóntica humanidad -tiene una altura de 1,95 metros y pesa 110 kilos-, estrecha la mano saludando, firme pero sin estrujar, y después sonríe. Tiene el pelo mechado a la moda de hoy y rostro de pibe bonachón; habla como aquellos que nacieron en un barrio populoso, sin medias tintas y con esa simpleza que hace el entendimiento más fácil. Gianluca es luchador de Jiu Jitsu, es santafesino, nació y se crió en Santa Rosa de Lima, tiene tan sólo 16 años y ya está en la élite mundial de ese deporte.
Hace unas dos semanas, «Gian» -como lo conocen todos- participó en una competencia franquicia denominada Copa Podio, que se realizó en Brasil. Se alojó con su profe en un campamento de entrenamiento. Y llegó ahí por invitación, ya que previamente había ganado casi «de taquito» una instancia intermedia -sudamericana- que se desarrolló en Buenos Aires. En el país carioca, compitió en la categoría Adultos (con contrincantes mayores; él es Juvenil, por su corta edad): y no sólo la ganó, sino también se consagró en la categoría denominada Absoluto, que es sin límites de peso.
Luego del logro Gian retornó al barrio, y como lo que es («un campeón») lo recibieron sus hermanos y los vecinos con pasacalles de arengas y felicitaciones, hasta con bocinazos; su papá Luis lo esperó con la bandera argentina flameando. Seguramente hubo un festejo posterior, más íntimo y familiar. «Lo vivido en la competencia fue para mí una experiencia única. Desde que empecé a entrenar, nunca imaginé llegar tan alto y tan pronto. Hace un año y siete meses que venimos trabajando constantemente y sin parar. Disfruté cada momento», le cuenta Gianluca a El Litoral.
El Jiu Jitsu, cabe explicar, es un arte marcial que abarca una gran variedad de sistemas de combate modernos. Cada luchador busca derribar a su oponente o llevar la lucha al piso, y se trabaja sobre las articulaciones y la fuerza para «someter» al contrincante. «Se puede ganar por sumisión o por puntos. En cinturón azul cada lucha dura seis minutos; en cinturón violeta, siete; en marrón ocho, y en cinturón negro, 10 minutos en adultos de 19 a 30 años», explica el profesor y entrenador de Gianluca, Maximiliano Olmedo, que lleva adelante la Academia de Jiu Jitsu SFFT-SUR (gimnasio Galpón Del Sur).
Siempre es difícil ir a luchar a Brasil, porque ese país es como la meca de la disciplina. «Gian no sólo fue, sino que además ganó en un categoría que no le correspondía (con Adultos; él es Juvenil); es algo que no se ve esto muy seguido, un logro impresionante. Uno de los entrenadores más importantes que estuvo en el evento nos dijo: ‘Aquí (por Gian) hay un futuro campeón mundial’. Así como te lo cuento. Él es muy chico y tiene una enorme proyección para crecer en su carrera», valora el profe.
Su vida y cómo empezó todo
Gian nació en Santa Rosa de Lima y allí vivió hasta los 13 años. Su papá Luis es y su mamá Graciela, los dos laburantes. «Nosotros salimos de abajo, pero gracias a Dios ambos tienen trabajo», dice el joven. Va al 2° de la secundaria, en la Normal Superior que está sobre calle Saavedra. Estudiar y terminar la educación básica «es un mandato a cumplir: Gian tiene que andar bien en la escuela para poder hacer deporte, sí o sí», subraya su profesor, como marcándole de qué va la cosa. Gian lo mira con complicidad y sonríe: él ya sabe cómo es.
En 2020, su hermano mayor de los cinco que tiene le dice: «Che, vamos a entrenar Jiu Jitsu». «A mí no me convencía mucho, ¿viste? Hasta que él agarra una bermuda, me la da y fuimos. Probé. El profe Maxi y los chicos del gimnasio (son unos 40 alumnos, de edades muy diversas, varones y mujeres) me recibieron como si fuese un hijo. Y desde entonces seguí probando, y seguí», narra Gian. A los cuatro meses de aquel primer entrenamiento, compitió por primera vez. Sí, sólo pasaron cuatro meses.
Como en la mayoría de los deportes amateur, todo se hace a pulmón: «Nos cuesta muchísimo llevar adelante esto. Si hay que hacer una pollada para vender y juntar algo de plata para que los chicos viajen, lo hacemos; los únicos patrocinadores de él (por Gian) son sus padres que lo bancan. Y después hay mucha gente que nos dio una mano, que colaboró con lo que tenía para juntar algo de plata», apunta Maximiliano Olmedo.
Nacer para un propósito
Y cómo se nivela todo en una edad (escuela, deporte, amigos) en la que es muy esperable que los chicos salgan a bailar, por ejemplo? «Y… Algunos amigos tiran para el lado de la ‘joda’ y el baile -se ríe Gianluca-, pero otros me bancan los trapos, y me apoyan mucho en lo que hago. Yo soy consciente de que esta disciplina es mi pasión y estoy dando lo mejor de mí, entrenando de lunes a sábados», confiesa con convicción.
«Hoy para tener su performance, se necesitan muchas cosas: humildad, trabajo, disciplina, constancia. Es un excelente chico: al entrenar de lunes a sábados, llega el sábado a la noche y no le dan ganas de salir al boliche. Pero él sabe que tiene que cuidarse», aporta su profesor.
Con su profesor y entrenador, Maximiliano Olmedo. Gianluca lleva su kimono y su cinturón azul. Crédito: Manuel Fabatía
¿Y qué deja el Jiu Jitsu? «Valores -subraya aquí el joven luchador-. El respeto, el pedir permiso o disculpas por la molestia, el decir gracias, el mantener un perfil bajo y nunca creerse más que otro… Este deporte te da esas conductas que las tenés que llevar a todos lados, en cada aspecto de la vida».
De repente, a Gianluca Oporto lo asalta un recuerdo, de ésos íntimos y movilizantes. Su mamá estaba embarazada de él, pero era un embarazo de riesgo: «Nos decían que ambos teníamos un 90% de riesgo de morir. Mi mamá tenía puesta una malla sobre su panza todos los días, y decidió tenerme igual, claro. Hace poco, cuando empecé con todo esto del Jiu Jitsu, mi vieja me llama, me acaricia la cara y me dice: ‘Hijo, vos viniste a esta vida por un propósito'». Se emociona y ya no quedan más palabras que decir.
Fuente: El Litoral