La salida de Claudio “Mugre” Corvalán de Unión entró en una fase de definiciones complejas. Aunque el jugador ya no forma parte de la estructura deportiva del primer equipo al mando de Madelón, su desvinculación administrativa se transformó en una negociación de ajedrez entre la dirigencia del Tate, el jugador y su posible destino: Quilmes. Desde el entorno del club bonaerense aseguran que el acuerdo entre Quilmes y Corvalán es un hecho. Sin embargo, el defensor tiene contrato vigente con Unión hasta fin de año, lo que obliga a las partes a encontrar una salida consensuada. El principal escollo radica en la fórmula económica. Con un salario de los más altos del plantel y versiones cruzadas sobre deudas pendientes, el “Cervecero” aguarda que el jugador logre la rescisión de su contrato. En Santa Fe, la dirigencia busca cerrar el ciclo sin que la salida represente un perjuicio financiero para la institución.
El presente del jugador: entrenamiento al margen
Bajo la conducción de Leonardo Madelón, Corvalán ha quedado relegado de la planificación futbolística. Actualmente, el defensor atraviesa una situación de “espera activa”:
Entrenamiento diferenciado: realiza trabajos al margen del grupo principal.
Prevención física: evita cualquier riesgo de lesión que pueda frustrar su traspaso.
Decisión técnica: su salida es irreversible tras confirmarse que no será tenido en cuenta por el cuerpo técnico.
Un final anunciado
En el mundo Unión ya se asume que la historia del histórico capitán con la camiseta rojiblanca terminó. La incógnita hoy no es el destino —que parece estar firmemente orientado hacia el Estadio Centenario Ciudad de Quilmes— sino los términos legales y económicos que permitirán poner la firma definitiva. Mientras Quilmes espera y el jugador mantiene el silencio, Unión analiza la mejor estrategia para dar por terminada una etapa que, aunque ya cumplida en la cancha, aún aguarda su resolución en los escritorios.
Fuente: FM Sol