La Copa del Mundo es el torneo por excelencia en el fútbol mundial. Solamente ocho seleccionados hasta la fecha han podido alzar el trofeo en las 21 ediciones que la FIFA organizó -210 países son miembros de la FIFA, y 208 participaron de las últimas eliminatorias para la fase final-. La selección argentina tiene el privilegio y las razones para pertenecer a este selecto grupo. En primer lugar, pudo capitalizar su “mote” de potencia futbolística en 1978, al obtener la Copa Mundial disputada en nuestro país. Ocho años más tarde, consiguió en México la segunda estrella, consolidando un equipo y una camiseta a lo largo de la historia, respetada y laureada a través de diversos logros, teniendo estas consagraciones como el punto más alto del deporte rey nacional.
A 34 años de aquella jornada de domingo inolvidable para todos los argentinos que vivieron la obtención del trofeo más codiciado por el mundo futbolístico, se recuerda la obra maestra en la carrera de Diego Armando Maradona. “Pelusa” disputó un mundial infernal, dejando altísima la vara para cualquier otro futbolista argentino en una actuación individual en una Copa Mundial. Diego brilló en el Mundial de México, marcando cinco goles y cinco asistencias en los siete partidos de la Copa. Fue absolutamente determinante en varios pasajes del torneo: en los Cuartos de Final frente a Inglaterra, donde realizó los dos goles más icónicos en la historia de los mundiales, y las semifinales frente a Bélgica, donde también marcó por duplicado.
Además, fue la consagración futbolística del sistema 3-5-2 con dos “laterales/volantes”, el “último sistema táctico del Siglo XX-, con Carlos Salvador Bilardo al mando, absolutamente cuestionado y defenestrado en la previa, donde los rendimientos irregulares casi le llevan puesto el cargo, por orden directa del Presidente de la Nación, Raúl Alfonsín. Por suerte para el fútbol argentino, Bilardo se sostuvo en el cargo y llevó al equipo a alcanzar la segunda conquista mundial para el fútbol nacional, lo que a fin de cuentas, provocó la felicitación del mandatario en vivo por ATC para todo el país.
La final se disputó en el Estadio Azteca del Distrito Federal de México. Argentina ya había jugado los anteriores dos encuentros en este lugar: ante Inglaterra en la “conversión a divinidad” de Diego Armando Maradona como futbolista, y ante Bélgica en semifinales. El rival para disputarse el trofeo, era durísimo: la Alemania de Rummenige, Matthaus, Voller y Schumacher, entre otras estrellas. Aquel verdadero “equipazo”, había dejado atrás al seleccionado de Francia en semifinales con Platini como máximo estandarte -que había eliminado a Italia y Brasil-, mostrando todo el poderío futbolístico que, en el balance histórico, le permitió acceder a tres finales consecutivas -1982, 1986 y posteriormente en 1990, solo igualado por el seleccionado de Brasil en 1994,1998 y 2002-.
El fallecido José Luis Brown, abrió la cuenta a los 23 minutos de juego para marchar al entretiempo con un triunfo parcial para la selección argentina. El defensor argentino, que había quedado libre en Deportivo Español meses antes de la cita y se había lesionado los meniscos y los ligamentos cruzados, jugó todo el final lesionado en uno de sus hombros tras un choque con un jugador alemán. Un dato para destacar, es que este gol, fue el único de José Luis con la camiseta de la selección. En el complemento, Jorge Valdano (55′) estiró la ventaja para el conjunto argentino, y parecía que le daba tintes definitivos al pleito en el Azteca. Pero Alemania puso a funcionar su maquinaria y Karl-Heinz Rummenigge y Rudi Völler se ponían a tiro en el marcador en solo siete minutos, a falta de diez para la culminación del tiempo regular. Cuando la remontada alemana era una real posibilidad, Maradona nuevamente “frotó la lámpara”: esta vez, para servirle la pelota a Jorge Burruchaga, para batir a Schumacher a falta de siete minutos y encaminarse frente al título mundial para establecer el 3 a 2 como cifra definitiva.
El colegiado brasileño Romualdo Arppi Filho, hizo testigos a 115 mil personas de un hecho que permanecerá inmortal en la historia del fútbol. Diego Armando Maradona alcanzaba la gloria eterna al consagrarse campeón del mundo, y obtenía un carácter divino del que todos los futboleros mantienen vivo hasta nuestros días. La segunda estrella era una realidad, consumando una de las jornadas más gloriosas en la historia del seleccionado nacional. La última a nivel mundial, debido a que Argentina tuvo la posibilidad de acceder al partido definitorio por el título frente al mismo rival en dos ocasiones más, cayendo por la mínima en ambas -en 1990 y 2014-. De esta manera, la victoria en México toma tintes más épicos año tras año, anhelando volver a vivir el día en que un futbolista argentino vuelva a tocar la deseada copa, como lo hizo Maradona en aquella tarde mexicana.
Fuente: Aire de Santa Fe