El predio del Parque del Sur volvió a transformarse en un punto de encuentro para el fútbol infantil de la ciudad. Allí, el Club Náutico El Quillá dio inicio a la quinta edición del torneo “Tiburoncito”, un certamen que con el paso de los años se ha consolidado como uno de los eventos más convocantes para las categorías formativas. Con un clima ideal y una organización que cuidó cada detalle, la primera jornada se desarrolló en un marco festivo que reunió a cientos de chicos y chicas junto a sus familias. La tarde ofreció un escenario perfecto para la práctica deportiva. El sol comenzaba a bajar sobre la ciudad de Santa Fe y el predio del Parque del Sur mostraba su mejor postal.
Las canchas listas, el verde del césped en excelentes condiciones y el movimiento constante de jugadores, entrenadores y colaboradores daban cuenta de que el torneo estaba listo para comenzar. Desde temprano comenzaron a llegar las delegaciones con sus camisetas impecables, botines relucientes y la ilusión intacta. Para muchos de los pequeños futbolistas, participar de un torneo de estas características representa una experiencia inolvidable: compartir con compañeros, enfrentar nuevos rivales y disfrutar del juego en un ambiente cargado de entusiasmo.
A las 18.30, tal como estaba previsto, la pelota comenzó a rodar y con ella se puso en marcha oficialmente una nueva edición del “Tiburoncito”. El inicio no pudo ser mejor: en los primeros minutos llegaron las emociones y la red se infló rápidamente. Los goles comenzaron a sucederse y el entusiasmo de los chicos se trasladó también a las tribunas, donde las familias acompañaban cada jugada con aplausos y aliento. La puesta en marcha del torneo contó con el trabajo coordinado de la Sub Comisión de Fútbol de la institución, que desde hace semanas venía ultimando detalles para que la jornada inaugural se desarrollara sin inconvenientes. La organización estuvo atenta a cada requerimiento, desde la logística de los partidos hasta la atención de los equipos visitantes. El inicio del torneo se vivió con orgullo y satisfacción por el esfuerzo colectivo. La respuesta del público fue más que positiva. Las dos tribunas del predio se completaron con un número acorde al día y al horario en el que se disputaron los primeros encuentros. Padres, madres, abuelos y amigos siguieron cada jugada con atención, transformando el ambiente en una verdadera fiesta del fútbol infantil.
Una fiesta que seguirá durante varios días
Más allá del resultado de cada partido, el espíritu del torneo estuvo marcado por la alegría y el compañerismo. Del otro lado del tejido perimetral, el mate circulaba de mano en mano mientras las familias compartían charlas, risas y comentarios sobre las jugadas de los chicos. Dentro del campo de juego, en tanto, los protagonistas corrían detrás de la pelota con la energía y la pasión propias de la infancia. Cada gol era celebrado como si se tratara de una final y cada atajada despertaba aplausos desde las tribunas. Esa mezcla de entusiasmo, juego y aprendizaje es, justamente, uno de los principales valores que promueve este tipo de competencias formativas.
Fuente: El Litoral